Del cine al vertical: creatividad en tiempos de scroll
- 24 ene
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Estamos viviendo un punto de quiebre que pocas veces se da en la historia. Los avances tecnológicos, el acceso masivo a Internet y la explosión de los dispositivos móviles no solo están cambiando industrias completas, están cambiando la forma en la que pensamos, creamos y consumimos ideas.
Hubo un tiempo en el que la generación de contenido era limitada. Cuando el cine era prácticamente el único gran canal audiovisual, los estrenos importantes se podían contar con los dedos de las manos. Cada película era un evento, una cita casi ceremonial. Hoy, como nunca antes, el volumen de contenido creado y distribuido es miles de veces mayor.
Cada día se suben millones de horas de video a plataformas digitales, algo impensable hace apenas un par de décadas.
Y lejos de verlo como saturación, yo sigo creyendo que este avance tecnológico no ha creado distracción, ha creado inspiración. Nunca había existido tanta creatividad al alcance de tantas personas. Hoy cualquiera con un teléfono puede contar una historia, provocar una emoción o detonar una conversación global.
Pero no solo cambió la cantidad, cambió la forma. El contenido ya no nace pensando en una sala de cine, nace pensando en una pantalla vertical. Sí, vertical. ¿Por qué? Porque ahí está la audiencia.
En el celular, en la palma de la mano, consumiendo contenido en lapsos cortos, entre actividades, en movimiento. El lenguaje visual tuvo que adaptarse, y con él la narrativa.
Hoy el contenido necesita estructura teatral. Actos claros, ritmo, tensión, pausas estratégicas. No para recibir aplausos, sino para evitar el gesto más temido de nuestra era digital: el siguiente swipe. Mantener conectada a la audiencia se volvió una ciencia tan importante como la historia misma.
Esto lo explicó con mucha claridad Matt Damon en una entrevista reciente mientras promocionaba su película El botín. En una industria que genera miles de millones de dólares, donde cualquiera podría pensar que pueden hacer lo que quieran, incluso ahí entendieron que adaptarse ya no es opcional. El contenido debe evolucionar o simplemente deja de ser visto.
Las cifras lo respaldan. El streaming ya concentra la mayor parte del consumo audiovisual global.
Plataformas digitales acumulan miles de millones de horas vistas cada mes, y más del 70 por ciento del consumo de video ocurre en dispositivos móviles. El formato corto crece a doble dígito año con año y el video vertical ya no es una tendencia, es el estándar para nuevas generaciones.
Este fenómeno no se limita al cine o al entretenimiento. Aplica a toda la generación de contenido: publicidad, comunicación corporativa, educación, marketing y hasta la forma en la que las marcas construyen identidad. Los mismos principios rigen hoy para un largometraje, un anuncio de 15 segundos o una historia en redes sociales. El formato, el ritmo y la narrativa se transformaron, pero la esencia sigue siendo la misma: conectar con una persona del otro lado de la pantalla.
Quien entienda esto no solo compite mejor, permanece relevante.
En este contexto, la inteligencia artificial no viene a sustituir la creatividad humana, viene a amplificarla. La IA permite generar un mayor flujo de contenido, acelerar procesos técnicos, probar variaciones y liberar tiempo valioso. Pero las ideas, la sensibilidad, la intención y el mensaje siguen naciendo en mentes creativas que nunca serán extintas ni reemplazadas.
La tecnología ejecuta, escala y optimiza. La creatividad imagina, emociona y da sentido. Y mientras exista alguien con algo auténtico que contar, siempre habrá historias que valgan la pena ser vistas, sin importar el formato o la pantalla.
En lo personal, soy un apasionado del cine. Encuentro en él una de las máximas expresiones humanas. El cine nos ha regalado enseñanzas profundas, frases que se quedan grabadas y que trascienden la pantalla. Una de ellas, de Talentos ocultos, me sigue resonando con fuerza: lo verdaderamente peligroso no es fallar, es la inacción y la indecisión.
Y quizá esa sea la mayor lección de esta nueva era. No importa si hablamos de cine, de contenido digital, de negocios o de transformación personal. El mundo cambió, la audiencia cambió y las reglas cambiaron. Quedarse inmóvil, esperando que las cosas regresen a como eran antes, es la decisión más arriesgada de todas.
Crear, adaptarse y atreverse nunca había sido tan accesible. La tecnología no nos está quitando humanidad, nos está dando nuevos escenarios para expresarla. El reto no es el formato, ni la plataforma, ni la velocidad. El verdadero reto sigue siendo el mismo de siempre: tener algo valioso que decir y el coraje para decirlo.




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