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La importancia del code, en la era del No-code


En los últimos años, las herramientas No-code y Low-code han ganado protagonismo. Prometen rapidez, accesibilidad y la posibilidad de que cualquier persona, sin ser programador, pueda construir soluciones digitales. Y claro, es innegable: han democratizado la creación, acelerado proyectos y abierto la puerta a quienes antes no tenían acceso.


Sin embargo, en conversaciones recientes con colaboradores, he percibido algo que merece atención: la frustración que aparece cuando esas herramientas alcanzan su límite. Lo que en un inicio se plantea como una solución ágil y práctica, termina topándose con barreras al momento de integrar sistemas, escalar procesos o asegurar la gobernanza de la información. Esa sensación de “chocar con la pared” puede convertirse en un freno para la innovación y en una fuente de desgaste para los equipos.


No pretendo dar una señal de lo antaño ni ir en contra de los avances. Sí, soy de la vieja escuela, disfruté programar en Cobol y, más de 35 años después, todavía, quizás por hobby o por momentos de curiosidad, escribo algunas líneas en Progress. Pero más allá de la nostalgia, lo que quiero subrayar es que mantener la capacidad de “pensar en código” sigue siendo indispensable.


El No-code puede darte velocidad y facilidad, pero también puede limitarte si tu visión queda regida únicamente por lo que la aplicación te permite hacer. Además, no debemos olvidar un aspecto crítico: toda solución No-code, al final, es código.


Y como tal, puede tener brechas de seguridad, dependencias ocultas o incluso fines distintos a los que creemos. Saber “leer” ese código, aunque esté abstraído, es clave para no comprometer el negocio.


La importancia de un equipo que sepa código


Aquí surge un punto estratégico: contar con un equipo que domine programación, aunque sea pequeño. No necesitas un ejército de desarrolladores, pero sí personas que entiendan cómo funcionan los sistemas desde dentro.


¿Por qué? Porque si tu organización depende únicamente del No-code:

  • Puedes quedar atrapado en soluciones que limitan tu capacidad de evolucionar.

  • Terminas consumiendo más presupuesto del esperado al tener que pagar licencias, extensiones o integraciones forzadas.

  • Quedas a expensas de terceros, sin control real sobre lo que sostiene tu operación.


Ese “pequeño equipo de código” se convierte en un salvavidas estratégico que asegura que tu negocio no pierda autonomía ni flexibilidad.


El valor está en la combinación


El No-code no es enemigo del code. Bien usado, es un gran acelerador. Pero el verdadero valor aparece cuando se combinan:


  • El No-code para prototipos, automatizaciones rápidas o necesidades inmediatas.

  • El code para garantizar robustez, integración, seguridad y visión de largo plazo.


La era del No-code no elimina la importancia del código, sino que nos recuerda su relevancia desde otra óptica: como la base invisible que permite construir con confianza.


Al final, pensar digitalmente implica aprovechar la velocidad de lo nuevo sin olvidar la solidez de los fundamentos. Porque la innovación no es cuestión de moda, sino de capacidad para crear soluciones duraderas, seguras y con propósito.

 
 
 

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