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La transformación digital empieza donde no la esperas


Hay algo curioso que siempre me ha llamado la atención.


En cualquier empresa, por más procesos, políticas o tecnologías que tengamos, siempre aparecen atajos.


Caminos espontáneos que la gente toma porque simplemente funcionan mejor.


Es como esos senderos en los parques, los desire paths, que no estaban en el plano, pero aparecen porque cientos de personas entendieron que era la ruta más directa.


Y entonces me pregunto: ¿por qué la transformación digital no empieza ahí? ¿Por qué nos empeñamos en cambiar desde el escritorio de diseño, en lugar de escuchar a quienes ya encontraron el camino?


La primera vez que me topé con este pensamiento fue trabajando con un equipo que intentaba hacer las cosas de manera distinta. Ellos no pedían más herramientas ni procesos nuevos; querían que alguien los viera, que notara los esfuerzos que ya hacían para mejorar.


Y fue ahí cuando entendí que el cambio no se fuerza. Se acompaña. Se multiplica. Se resignifica.


Así nació para mí el Pensadigitalismo: una forma de mirar lo digital no como lo que viene a imponer, sino como lo que viene a elevar lo que ya fluye bien.


Con el tiempo, para explicarlo mejor, creé una imagen que sintetiza lo que creo profundamente:


una figura con tres círculos que se cruzan, donde cada uno representa un pilar esencial:


  • Personas → liderazgo, cultura de cambio, habilidades digitales.

  • Procesos → enfoque al cliente, eficiencia operativa, mejora continua.

  • Tecnologías → datos como motor, plataformas escalables, innovación.


En el centro, donde todo converge, no está el software ni los gadgets, está la Transformacion Digital, ahí es donde todo ocurre.


Pero ojo: no basta con entender los elementos.

El orden en que se conectan es lo que marca toda la diferencia.


He visto proyectos que empezaron por tecnología y terminaron con equipos frustrados.


He visto procesos rediseñados que nunca despegaron porque nadie preguntó a quienes los usarían.


Y he visto transformaciones que, empezando por las personas, fluyeron casi como por naturaleza.


Ese es el orden correcto:


Personas → Procesos → Tecnología.


Primero la voluntad, luego la estructura, finalmente la herramienta.


Me gusta pensar que transformar digitalmente no es traer más sistemas, sino liberar a las personas para que puedan hacer lo que ya saben hacer, pero mejor.


No es asfixiar la operación con reglas y reportes.


Es dejar que lo humano y lo digital se encuentren, no para reemplazarse, sino para potenciarse.


Hoy, cuando alguien me pregunta por dónde empezar, no le hablo de plataformas ni de proveedores.


Le pregunto:

¿Ya escuchaste a tu gente? ¿Ya viste por dónde caminan, por dónde atajan, por dónde fluyen?Porque ahí, justo ahí, empieza todo.


Al final del día, la tecnología es solo un reflejo de lo que somos capaces de imaginar juntos.


Las herramientas cambiarán, los sistemas evolucionarán, pero el verdadero motor del cambio seguirá siendo el mismo:


las personas que se atreven a caminar primero, incluso cuando el sendero aún no existe.


 
 
 

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