Pensar digitalmente para respirar mejor
- atrevinop
- 11 mar 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 17 sept 2025
Reflexión sobre medio ambiente, movilidad y transformación digital

Hace unos años escribí una reflexión motivada por algo que nos dolía a todos: la mala calidad del aire. Era marzo de 2019 y Monterrey, mi ciudad, ocupaba los primeros lugares entre las más contaminadas de Latinoamérica.
Hoy, seis años después, el problema persiste, y aunque hemos avanzado en muchos frentes tecnológicos, el impacto ambiental sigue siendo una deuda colectiva.
La contaminación no es una cifra abstracta. Se respira. Se mete en los pulmones. Se siente en la garganta, en los ojos, y a largo plazo, en las estadísticas de enfermedades respiratorias. Las partículas PM2.5, 20 veces más delgadas que un cabello, se cuelan en nuestro cuerpo y en nuestra vida cotidiana. Y por más campañas, normas o nuevas vialidades, seguimos atacando los síntomas, no el origen.
Durante años, la solución parecía estar únicamente en manos del gobierno. Pero esperar que la transformación ambiental venga solo desde lo público, es tanto como renunciar a nuestro propio poder como ciudadanos, empresarios y líderes.
Uno de los grandes responsables de esta crisis es el uso excesivo del automóvil. Y no podemos ignorar que en nuestra cultura, tener coche es símbolo de independencia y éxito. Pero ese símbolo se convierte en trampa cuando no hay alternativas funcionales de movilidad, ni una visión urbana centrada en las personas y el medio ambiente.
Entonces me pregunté , y me sigo preguntando:
¿Y si en lugar de buscar que la gente se mueva diferente, pensamos cómo lograr que no tenga que moverse?
Eso fue lo que me llevó a una idea que hoy defiendo con más fuerza que nunca: la transformación digital es también una transformación ambiental.
El trabajo a distancia, bien hecho, con estructura, tecnología y cultura, es una alternativa real y de impacto directo para mejorar nuestro entorno. No se trata del estereotipo del home office en pijama y sin foco. Se trata de confiar en el talento, habilitar herramientas, y rediseñar los procesos para que las personas puedan aportar valor sin tener que trasladarse.
Y aquí es donde nace mi convicción por “pensar digitalmente”. Porque la digitalización no es solo eficiencia, es también sostenibilidad. Cada junta virtual que sustituye un traslado, cada reporte automatizado que evita un papeleo físico, cada conexión remota que evita una hora en tráfico… suma.
No digo que la tecnología sea la solución mágica. Pero sí afirmo que es una parte indispensable de cualquier solución real. Y el cambio no empieza con un decreto: empieza con una nueva manera de pensar.
Hoy, más que nunca, creo que trabajar digitalmente no es solo una elección estratégica. Es una responsabilidad ambiental.
Y tal vez, solo tal vez, si empezamos a ver la transformación digital con esta mirada más humana y más consciente, podamos respirar un aire diferente, en todos los sentidos.




Comentarios