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Power BI seduce, Tableau impresiona, pero el gobierno de datos sostiene

Actualizado: 12 jul 2025


En más de una ocasión me he topado con algo curioso dentro de las organizaciones. Personas extraordinariamente hábiles con Excel, capaces de hacer verdaderas maravillas: fórmulas anidadas que parecen hechizos, tablas dinámicas que cruzan dimensiones imposibles y macros que automatizan tareas que uno ni siquiera sabía que podían automatizarse.


Es innegable que esas habilidades son valiosas. Esas personas son, muchas veces, los héroes silenciosos de sus equipos, resolviendo problemas del día a día con ingenio y velocidad.


Pero aquí viene el punto crítico: una herramienta personal nunca debería ser la base para tomar decisiones empresariales.


La pregunta que destapó el problema


Recuerdo una conversación con un alto ejecutivo de una gran organización. Le pregunté casualmente: “¿Qué nivel de Excel tiene tu equipo?”Con orgullo me respondió: “Altísimo. Tengo gente extremadamente preparada en Excel. Hacen cosas impresionantes.”


Eso me llevó a hacerle una segunda pregunta, quizás más incómoda: “¿Y cuántas decisiones estratégicas están tomando basadas en Excel?” Ahí hubo un silencio. Y después, una sonrisa incómoda. En ese momento cayó en cuenta de que no estábamos hablando solo de habilidades técnicas, sino de dependencia operativa.


Una colega y amiga (AST), con mucho humor, suele decir que cuando una empresa depende tanto de Excel, en realidad tiene “una empresa de Excel-lencia. ”Y aunque suene gracioso, es un reflejo de algo muy serio.


El límite invisible entre agilidad y riesgo


El problema no es Excel, ni Power BI, ni Tableau. De hecho, Power BI ha ganado enorme popularidad en los últimos años por su interfaz amigable y su integración con el ecosistema Microsoft, convirtiéndose en la opción “seductora” para muchos usuarios de negocio.


Pero si hablamos de potencia, Tableau suele ser considerado más robusto, con capacidades analíticas más avanzadas y una flexibilidad que Power BI apenas comienza a alcanzar. El punto clave es que ninguna de estas herramientas, por sí sola, reemplaza el gobierno corporativo de datos.


Una organización que toma decisiones basadas en archivos locales, reportes manuales o dashboards personales, está construyendo sobre arenas movedizas.


Las personas se van. Los archivos se corrompen. Las versiones se confunden. Y entonces, lo que parecía eficiencia se convierte en riesgo.


Gobernar no es quitar agilidad, es darle soporte


Ahí es donde entra el papel del área de TI y del gobierno digital. No para apagar la chispa de la innovación personal, sino para establecer los límites que permitan que esa chispa prenda una fogata segura, y no un incendio.


Aplicaciones gobernadas por TI, como data warehouses, plataformas de BI corporativo, modelos certificados y roles de acceso bien definidos, no son un capricho burocrático. Son el marco necesario para que los datos sean consistentes, seguros y útiles para todos. Son el puente entre la solución individual y la estrategia organizacional.



La historia de Tableau: de la universidad a revolucionar el mundo de los datos


La historia de Tableau no es solo la de una startup tecnológica: es la historia de cómo una necesidad urgente a nivel global puede encender la chispa de la innovación.


Corría el año 2001, y Estados Unidos acababa de enfrentar los devastadores atentados del 11 de septiembre. El país entero entró en reflexión:¿Cómo, teniendo tanto acceso a datos de inteligencia, nadie había detectado los riesgos a tiempo?


El gobierno comenzó a invertir fuertemente en proyectos para mejorar el análisis de datos, la visualización de información y la toma de decisiones. Uno de esos programas fue impulsado por DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency), famosa por ser la cuna de innovaciones como Internet.


En paralelo, en la Universidad de Stanford, Chris Stolte, un estudiante de doctorado, trabajaba en nuevas formas de consultar bases de datos complejas. Junto con su profesor, Pat Hanrahan, nada menos que cofundador de Pixar y pionero en gráficos computacionales, y el emprendedor Christian Chabot, idearon algo revolucionario:un motor llamado VizQL (Visual Query Language), capaz de traducir preguntas complejas a bases de datos en visualizaciones fáciles de entender para cualquier persona.


En otras palabras: querían que la gente dejara de leer tablas interminables y empezara a ver historias en los datos.


En 2003, este proyecto dio vida a Tableau. Su primera versión, Tableau Desktop, nació con un propósito claro: poner el poder del análisis en manos de los usuarios de negocio, sin necesidad de programadores ni expertos en TI.


Tableau creció rápidamente, siendo adoptado en empresas innovadoras que necesitaban agilidad para analizar datos por sí mismas. Y en 2019, Salesforce lo adquirió por la asombrosa cifra de 15,700 millones de dólares, buscando integrar su poder visual al ecosistema CRM.


La historia de Power BI: de un experimento en Microsoft a transformar el análisis empresarial


La historia de Power BI empieza no en una universidad, ni en un laboratorio gubernamental, sino en el corazón de uno de los gigantes tecnológicos del mundo:


A inicios de la década de 2010, Microsoft ya dominaba el mundo de las hojas de cálculo con Excel, la herramienta favorita de millones de analistas. Pero internamente, algunos líderes visionarios veían algo que los demás no:el mundo estaba cambiando, y Excel por sí solo no iba a ser suficiente.


Dos nombres clave aparecen en esta historia: Thierry D’Hers y Amir Netz, ejecutivos del equipo de SQL Server en Microsoft. Ellos lideraron un proyecto experimental llamado “Project Crescent”, pensado para llevar el poder de la inteligencia de negocios (BI) más allá de los analistas de datos y las áreas de TI.


¿Por qué? Porque habían detectado lo que muchas empresas sufrían en silencio: los datos estaban encerrados en sistemas complejos, los reportes eran lentos de generar, y los usuarios de negocio dependían totalmente del área de TI.


En 2013, Microsoft lanzó formalmente Power BI como parte de Office 365, integrando capacidades avanzadas de visualización, conexión a múltiples fuentes de datos, y funciones cloud. Pero lo que realmente catapultó su éxito fue algo que ninguna otra herramienta tenía en ese momento: la familiaridad con Excel.


Mientras otras soluciones competían en el terreno técnico, Power BI apostó por algo brillante: “Si ya sabes Excel, puedes dar el siguiente paso con Power BI.”


La estrategia funcionó. Empresas de todos los tamaños comenzaron a adoptarlo, primero como un complemento, luego como su plataforma principal de análisis. Y con cada actualización, Microsoft lo fue haciendo más robusto, añadiendo integración con Azure, inteligencia artificial, capacidades en tiempo real y conexión con cientos de aplicaciones.


Hoy, Power BI no es solo “el primo moderno de Excel”: es un referente global en democratización del análisis de datos.


El reto cultural: reconocer cuándo algo ya no puede ser casero


Una organización madura sabe algo simple pero profundo: no todo lo que funciona para uno, funciona para todos.


El reto no es dejar de usar Excel, Power BI o Tableau. El reto es reconocer cuándo un modelo ya no puede ser local, cuándo necesita escalar a algo institucional. Cuándo el tablero personal debe migrar a un entorno corporativo, conectado a fuentes oficiales, con respaldo, soporte y control.

El verdadero salto digital no está solo en adoptar herramientas, sino en aprender a usarlas con responsabilidad.


La transformación digital no se trata solo de tecnología. Se trata de establecer un contrato tácito entre la agilidad personal y el gobierno institucional. Un contrato que nos permita innovar sin miedo, pero también crecer sin caos.


Porque en el mundo digital, no basta con saber usar herramientas; hay que saber cuándo dejar de usarlas solos. Porque al final, la verdadera excelencia no se mide en Excel, sino en decisiones sólidas y sostenibles.


 
 
 

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